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“La Burra”, un viejo conocido en Nuevo Balsas

*** De niño deportista y joven trabajador, se convirtió en el peor delincuente de la región

*** Comunitarios lo desterraron hace dos años y, en venganza, Uriel Vences busca asesinar a los líderes del movimiento civil armado   

Jonathan Cuevas/API

Fotografía: Jonathan Cuevas/API

Fotografía: Jonathan Cuevas/API

Nuevo Balsas, Gro.- Eran casi las 18:00 horas. Unos 120 policías comunitarios apenas “echaban el taco” luego de buscar durante todo el día, entre los cerros, a dos de sus compañeros secuestrados por una célula del grupo criminal La Familia Michoacana.

Descansaban frente a un terreno repleto de huisache seco que, antes era el rancho de “La Burra”, delincuente al que buscan y que ha paralizado cuatro pueblos así como los trabajos de una empresa extranjera en una mina que promete dar millonarias ganancias al gobierno mexicano.

La burra y la comunitaria…

Uriel Vences Delgado es mejor conocido como “La burra” o “el 50”. Es un viejo conocido de los pobladores de Nuevo Balsas, La Fundición, Atzcala y Real del Limón, comunidades cercanas al afluente del río Balsas en el territorio del municipio de Cocula.

El comandante de la Policía Comunitaria de Balsas, un hombre como de 45 años, piel morena y semblante bonachón, cuenta que de niño le gustaba el básquetbol. Lo practicaba junto a La burra que, en aquel tiempo era un niño querido en el pueblo, juguetón y travieso, como cualquier otro.

“Nos conocimos de chamacos (con la burra). Yo me gustó mucho el basquetbol y él no se ocupaba de eso (cometer ilícitos)”, recordó el comandante identificado como “Marcos” por el resto de los civiles armados con escopetas de un tiro.

El líder de los comunitarios estaba parado sobre un camino de tierra, rodeado de espinos y secos árboles. Enfrente estaba un terreno de aproximadamente 200 metros cuadrados, descuidado, cercado con madera vieja, podrida.

Al centro del terreno había una especie de casa y un corral de fajas de madera, los dos descuadrados, a punto de caer. La sombra de un árbol frondoso cubría las estructuras de madera. Parecía una pequeña casa abandonada.

Del otro lado del terreno, cruza el río Balsas. Abundan ahí las mojarras y la tilapia negra.

Fotografía: Jonathan Cuevas/API

Fotografía: Jonathan Cuevas/API

Antes, cuentan los policías comunitarios, vivían ahí Uriel Vences y su padre. El 50, aún siendo bastante joven era trabajador. Tenía ganado y sembraba; ahí se le iban los días, en el campo con su padre, en el rancho ubicado entre un camino de terracería que conecta a Nuevo Balsas con el poblado de Olea.

“¡Éste era su rancho!”, dijo el comandante señalando aquel lugar que más bien parecía un viejo corral repleto de plantas secas, entre espinos y huisaches. Y agregó: “él aquí se dedicaba a ranchear, luego se dedicó a la mojarra (que sacaba del río balsas para venderla)”.

La mirada del comandante Marcos no reflejaba odia ni rencor en ese momento, sino todo lo contrario. Parecía que se refería al hablar a una persona que apreciaba.

“Era una persona honrada. Después siguió que se hizo montador y así se fue creciendo. Conoció a lo mejor ahí a algunos que venden droga, no sé bien cómo se hizo delincuente”, dijo.

En el año 2013, “La burra” ya era uno de los sicarios más temidos de la región desde el afluente del Balsas en los cuatro pueblos mencionados, hasta zonas de Cuetzala y Cocula, así como partes de Iguala como en las comunidades de Coacoyula y Olea.

“No sé cómo tenía tanto poder y estrategias. Toda la gente de Cocula lo conoce bien (a la burra), en Cuetzala, Apipilulco, todos los pueblos de aquí hasta Cocula y hasta en Coacoyula que allá les hizo muchos males también. No sé cómo le haría, pero pretendía apoderarse hasta de Iguala”; contaba un comunitario a un soldado que se le acercó para preguntar sobre el hombre más buscado de la región.

Uriel dejó de ser apreciado entre la gente de los pueblos donde creció. Ya no era un niño juguetón o un joven trabajador. Ahora secuestraba y traficaba droga operando para uno de los grupos del crimen organizado más temidos; la Familia Michoacana.

En los meses anteriores a diciembre de aquel año, tan solo en Nuevo Balsas, La burra secuestró a 30 personas de las cuales, a cuatro les arrebató la vida. A Uriel lo movía el dinero y la ambición por el poder territorial. Nada más.

Desconoció a su gente, violó a las mujeres que crecieron con él. Las raptaba creyéndose dueño de todo lo que había en los pueblos. Al menos así lo recuerdan los pobladores de Balsas.

Fotografía: Jonathan Cuevas/API

Fotografía: Jonathan Cuevas/API

Pero la gente se cansó. Los cuatro pueblos se levantaron en armas en contra de La burra, en contra de la Familia Michoacana.

El 13 de diciembre del 2013 los cuatro pueblos nombraron a sus policías comunitarios. Los elegidos tomaron sus escopetas y empezaron a dar rondines, instalaron retenes en las entradas y salidas de las comunidades y, en una ocasión desterraron a Uriel Vences junto a su familia.

“¡Nos hartó!”; dijo otro integrante de la policía ciudadana que llevaba puesto un sombrero de palma y, huaraches. Se refirió al “50”. Luego agregó: “todos lo conocemos aquí, es muy peligroso”.

Afirmó que después de expulsarlo del pueblo, La burra se desapareció por dos años. “Se fue y algunos pensamos que lo habían matado pero agarró tiempo, agarró fuerza y regresó”.

El comunitario afirmó que en el transcurso de esos dos años el pueblo estuvo en paz, pero a su regreso el 06 de febrero del año en curso y, tras el secuestro de 14 personas, “la gente se volcó porque no queremos tenerlo aquí. No queremos regresar al pasado”.

La única intensión de los policías comunitarios es detenerlo y entregarlo a las autoridades para “asegurarse” de que no volverá a los pueblos a cometer más crímenes y secuestros, sin embargo, a la vez buscan a dos personas que aún permanecen en manos del delincuente, pues 12 de los 14 plagiados ya fueron rescatados por la propia Policía Comunitaria.

A su vez, La burra ha enviado mensajes a los pueblos y a la Policía Ciudadana. “Le mandó un mensaje en el teléfono a la familia de uno de los chavos que tiene secuestrado, que quiere que maten a los dos comandantes, al de la Fundición y al de Nuevo Balsas”, dijo el coordinador de la comunitaria en La Fundición.

Agregó: “Nos pide que nos maten y que entreguemos las armas, que nos rindamos. Quiere desaparecer al movimiento. De hecho al primer secuestrado que liberó lo mandó a decir que entregáramos las armas y que él no se mete con nadie, pero pues ya no somos nosotros los que decidimos, son los pueblos”.

El comandante de Balsas aclaró que no se entregarán ni terminarán con su movimiento armado porque, “antes que nada él es maña y la maña nunca dice la verdad. Si dejamos las armas nos mata”, expresó.

Fotografía: Jonathan Cuevas/API

Fotografía: Jonathan Cuevas/API

Uriel Vences es un viejo conocido de los pobladores de Balsas, La Fundición, Real del Limón y Atzcala, pero ahora lo quieren ver encarcelado o muerto. “Esto lo hacemos por nuestros hijos también, que les quede algo de bien aquí en los pueblos”; resaltó uno de los líderes de la comunitaria.

Luego de la comida frente al rancho de La burra llegó un reporte por radio. Habitantes de La Fundición alcanzaron a ver a Uriel Vences entre los cerros cerca de su pueblo. Entonces aquellos 120 policías ciudadanos subieron a las camionetas, armaron un convoy de aproximadamente 15 vehículos y partieron a toda velocidad.

Sobre el camino casi no se veían los vehículos, solo el polvo que dejaban a su paso entre las brechas y caminos de terracería, junto al río Balsas. Llegaron a La Fundición donde está instalado un retén de la Policía Comunitaria de ese pueblo y de ahí en adelante, bloquearon el paso a los vehículos que no son de la Comunitaria.

Era un operativo importante al que no permitieron dar cobertura, pero luego informaron que la operación no tuvo éxito. Se les fugó La burra.

Los cuatro pueblos mantienen bloqueados los trabajos de la empresa canadiense “Media Luna” en la mina en proceso de construcción, de la cual se pretende éste mismo año empezar a extraer oro. La postura es clara hacia el gobierno: “entréguennos a los dos secuestrados y a La burra, y la mina podrá seguir laborando normalmente”.

El gobierno estatal y federal, han mostrado poco interés en resolver la demanda de los pobladores. No han realizado la búsqueda de los plagiados y, se han negado incluso en apoyar las operaciones de búsqueda de los comunitarios. La minera ha amenazado con retirarse de la zona y, cientos de trabajadores de dicha empresa hoy viven en la incertidumbre al no saber si recibirán sus pagos o no.

Los cuatro pueblos en tanto permanecen paralizados y en vigilancia, ante el temor del que el grupo criminal de La burra venga a atacarlos. (Agencia Periodística de Investigación)    

 

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